Investigadores construyen paneles solares con flor de ceibo para la base Artigas de la Antártida.

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Un equipo de investigadores del Laboratorio de Biomateriales de la Facultad de Ciencias, Universidad de la República (Udelar), construyó e instaló dos paneles en base a una tecnología de bajo costo, las celdas solares Grätzel, en la Base Artigas de la Antártida. Para la construcción de estas celdas también conocidas como células solares sensibilizadas por colorante, los investigadores utilizaron un pigmento extraído de la flor de ceibo. El Portal de la Udelar habló con María Fernanda Cerdá, una de las docentes responsables del Laboratorio de Biomateriales, que investiga el uso de pigmentos naturales para producir celdas fotovoltaicas de bajo costo.


Celda Grätzel. Foto: Rosana Porteiro-UCUR

Cerdá manifestó que los dos paneles funcionan perfecto y a la par de los tradicionales desde que fueron instalados. Se monitorean casi a diario, uno de ellos directamente desde la computadora del laboratorio ya que transmite vía wifi y en el caso del otro, uno de los funcionarios de la base antártica les envía los registros diarios o cada dos días. Agregó que en la Antártida el resultado es fantástico porque estos paneles aprovechan mucho mejor la energía y pueden colocarse en el interior de las edificaciones, a diferencia de los equipos solares tradicionales, lo que permite protegerlos del deterioro ambiental causado por el clima.

Cerdá explicó que las celdas Grätzel son dos cuadrados de vidrio conductor entre los cuales va el pigmento adherido por una capa fina de dióxido de titanio, en una cantidad ínfima. El colorante cumple la misión de tomar la luz del sol y transformarla en electrones, produciendo así energía eléctrica. El titanio es el que mantiene al pigmento entre las dos superficies y a la vez atrapa los electrones que el pigmento produce a partir de la luz y los conduce al vidrio.

La docente señaló que estos paneles no son muy conocidos en Uruguay y tampoco en el resto de los países de Latinoamérica. Esta nueva tecnología se ha difundido hasta ahora casi exclusivamente en las zonas de influencia académica de Grätzel. En las ciudades suizas de Ginebra y Lausana hay un aeropuerto y un centro de convenciones enorme alimentados energéticamente por completo con esta tecnología. También en Australia, China, Japón y Corea hay empresas que los venden.
Los paneles de Grätzel son traslúcidos, en el centro de convenciones de Lausana son grandes rectángulos como si fueran bandas de cortina. Cuando hay mucho sol se pegan a la ventana y cuando cae la tarde se giran para dejar entrar la luz natural no obstante lo cual ellos continúan produciendo energía eléctrica. Otra virtud de los paneles con celdas Grätzel con respecto a los tradicionales es que pueden mantener un buen nivel de producción de energía eléctrica en horas de poca luz, como la caída de la tarde o incluso con luz artificial ambiente.  Sostuvo que el pigmento que se necesita para producir un panel con esta nueva tecnología es muy poco, con no más de dos flores de ceibo se puede obtener una solución de color rojo que alcanza para varios de ellos. Además la idea no es arrancar flores vivas o devastar los recursos naturales, sino utilizar las que cayeron del árbol.

Considera que el vínculo con el Instituto Antártico le hizo muy bien al proyecto porque «lo que pasa en Antártida se amplifica muchísimo». Que haya dos paneles funcionando en la Antártida elimina algunas reticencias y miedos de sectores del país que toman las decisiones energéticas en el Uruguay y tienen la posibilidad de invertir en esta tecnología. Cerdá subrayó que la incorporación de estos paneles para abastecer de energía eléctrica a edificios como la Torre de Antel o el Aeropuerto es posible. Aunque no involucraría aportes económicos para el equipo del Laboratorio de la Facultad de Ciencias porque no serían los que los construirían, sí la satisfacción de que sus investigaciones colaboraron para impulsar esta tecnología en Uruguay.

Otra de las aspiraciones de Cerdá es difundir las celdas Grätzel en escuelas y liceos rurales del país. La idea es instrumentar instancias de taller para que los estudiantes aprendan a armar este tipo de tecnología. Aunque los paneles que construyan no tengan la capacidad de los industriales, porque estarán realizados en forma artesanal con los pigmentos naturales, podrían cubrir algunas de sus necesidades energéticas

Es importante que los niños vean que es posible obtener energía de algo que uno ya descartó y que este proceso no es tan difícil», concluyó Cerdá.

Fuente Udelar . Publicacion 4set2019

Maria Fernanda Cerdá Docente Quimica Responsable Laboratorio de Bioamateriales

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