Hoy 23 de setiembre ,hace166 años de la muerte de nuestro prócer José Gervasio Artigas .

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 A nuestro prócer Jose Gervasio Artigas (19 junio 1764 -23 setiembre 1850)

Un día como hoy pero del año 1850 fallecía en Paraguay José Artigas.

En 1820, en medio de luchas por la libertad de nuestro suelo contra portugueses, gobierno porteño y caudillos federales desafectados, José Artigas se retiro al Paraguay (escoltado por Charruas, su guardia de hierro personal).

No olvidando a los fieles orientales que le acompañaron en todo momento; pero que estaban prisioneros en la isla brasileña das Cobras, les envió un ultimo dinero que quedaba: 4.000 patacones.

 

Situación territorial antes de su retiro a Paraguay. Y la  traición  de Rivera.

El constante crecimiento de influencia y prestigio de la Liga Federal atemorizó tanto a los unitarios de Buenos Aires y Montevideo como al Reino Unido de Portugal, Brasil y Algarve.

En agosto de 1816 numerosas tropas luso-brasileñas invadieron la Provincia Oriental, con la complicidad tácita de los unitarios que se habían fortalecido en Buenos Aires y del embajador porteño en Río de Janeiro. Con la intención de destruir al caudillo y su revolución, las tropas luso-brasileñas atacaron por tierra y mar. Junto a Artigas, participaron en la defensa de su provincia sus lugartenientes: Juan Antonio Lavalleja, Fernando Otorgués, Andrés Latorre, Manuel Oribe, el misionero Andrés Guazurary, apodado “el indio Andresito”.

En cuanto a Fructuoso Rivera, éste traicionó a Artigas pasando a servir a los portugueses y brasileños. Poco tiempo después el mismo Fructuoso Rivera entraría junto a los montevideanos del “Club del Barón” a conspirar para dar muerte a Artigas.

Debido a su superioridad numérica y material, las fuerzas luso-brasileñas al mando de Carlos Federico Lecor vencieron a Artigas y sus lugartenientes y ocuparon Montevideo el 20 de enero de 1817, aunque la lucha continuó por tres años en el medio rural.

Indignado por la pasividad de los unitarios instalados en Buenos Aires, Artigas les declaró la guerra, al tiempo que enfrentó a los luso-braileños con ejércitos que se vieron diezmados por sucesivas derrotas.

Después de tres años y medio de resistencia, la batalla de Tacuarembó, de enero de 1820 significó la derrota definitiva de Artigas, que debió abandonar el territorio oriental, al que ya no volvería. Varios de sus lugartenientes cayeron prisioneros o abandonaron la lucha. Fructuoso Rivera, por su parte, se pasó al ejército brasileño de ocupación.

Casi al mismo tiempo, los integrantes de la Liga Federal, Francisco Ramírez, gobernador de Entre Ríos, y Estanislao López, gobernador de Santa Fe, lograron finalmente la victoria sobre los unitarios. La batalla de Cepeda forzó la caída del Directorio. Pero la esperanza duró poco, ya que ambos caudillos, al saber del casi aniquilamiento de las tropas de Artigas, entraron en acuerdos con el nuevo gobernador porteño, Manuel de Sarratea, firmando con él el Tratado del Pilar. Aunque tal tratado consideraba pedir su aprobación a Artigas, el héroe oriental se consideró afrentado al no haber sido consultado por los suscriptores del tratado.

Después de la batalla de Tacuarembó, Artigas se instaló en Entre Ríos, donde entró en serios conflictos con Francisco Ramírez, quien no aceptó la hegemonía del caudillo oriental en su provincia. Con apoyo del gobierno porteño, Ramírez inició una campaña contra Artigas. Fue derrotado en una pequeña batalla, pero logró derrotarlo en la batalla de Las Tunas, prácticamente en el centro de Entre Ríos.

Ramírez persiguió a Artigas hacia Corrientes, donde éste contó aún con el apoyo del jefe guaraní Francisco Javier Sití. Pero la victoria fue, en definitiva, para Ramírez.

Exilio en Paraguay 

De 1820 a 1850 el exilio en Paraguay. Rodeado por todos lados por los lugartenientes de Ramírez y viendo su causa definitivamente perdida, el 5 de septiembre de 1820, Artigas cruzó el río Paraná hacia el exilio en Paraguay, dejando atrás su patria y su familia.
La campaña de los Treinta y Tres Orientales inició la liberación de su provincia del Imperio del Brasil en 1825. Pero la complicada guerra del Brasil y las intromisiones diplomáticas de Gran Bretaña, sumada a las sucesivas desilusiones de los orientales con los gobiernos porteños, llevaron a la independencia de la República Oriental del Uruguay en 1828, en la cual Artigas nunca participó.

El dictador Rodríguez de Francia no lo recibió: pero le dio asilo en San Isidro de Curuguaty, a mas de 400 Km. de Asunción del Paraguay.

Allí, acompañado solamente por Joaquín Lenzina(el fiel Ansina) se dedico a tareas rurales compartiendo el fruto de su trabajo con los pobladores del lugar. Paso a ser para ellos el Carai Marangatu(padre de los pobres en guaraní).

En 1840 fallece el dictador y en momentos de convulsión política el gobierno presidido por Policarpo Patiño dio orden de detener “al bandido Artigas”. Tenía 76 años y fue llevado a la cárcel…

En 1841, fue puesto en libertad y aunque podía volver a nuestra patria no lo hizo.

Confinado a la lejana e inóspita Villa de San Isidro Labrador de Curuguaty, allí vivió cultivando la tierra hasta la muerte de Gaspar Rodríguez de Francia y no causó problema alguno a las autoridades paraguayas. No obstante, por mera precaución, fue arrestado algunas semanas después de la muerte del dictador Rodríguez de Francia, ocurrida el (20 de septiembre de 1840).

En 1841, fue puesto en libertad y aunque podía volver a nuestra patria no lo hizo.

El nuevo gobierno de Carlos Antonio López, primer Presidente Constitucional del Paraguay lo trasladó a Asunción, donde disfrutó de su plácida ancianidad en el barrio asunceño de Trinidad, residiendo en la propia quinta del Presidente de la República, rodeado del afecto de los paraguayos.

Carlos Antonio López asumió la presidencia en 1845 y lo invito a instalarse en Ibiray, a 7 Km. de la capital paraguaya, en una finca de su propiedad, donde vivió, mas confortablemente sus últimos años. Allí falleció el 23 de septiembre de 1850.


¡Mi caballo! ¡Tráiganme mi caballo!
Últimas palabras de José Gervasio Artigas. »

Allí falleció, diez años después, el 23 de septiembre de 1850, a los 86 años de edad.

El 17 de noviembre de 1856 se le dio sepultura en el Panteón Nacional con la solemnidad correspondiente a los servicios prestados a su país, luego de realizarse las exequias fúnebres en la Iglesia Matriz.

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