Estela y Charrúa son los restaurantes de uruguayos que dan que hablar en Nueva York.

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ESTELA

A su vez, se realizará el evento “A taste by Uruguay” en el restaurante Estela, a cargo del reconocido chef uruguayo Ignacio Mattos

Desde la apertura de su restaurante Estela en Nueva York, Ignacio Matos es considerado uno de los mejores chefs de la ciudad // Estela está en la 47 E . Houston St.

Estela. Ignacio Mattos es de Santa Lucía, Canelones, y pese a que dejó Uruguay hace más de una década parece conservar su acento. El chef llegó a Nueva York en 2002 para abrir un restaurante en los Hamptons junto a Mallmann, y se quedó en Nueva York. Mattos trabajó en Il Buco, un reconocido restaurante italiano en la calle Bond, y creó un provocativo menú en el restaurante de Williamsburg Isa, que generó tantos fanáticos como detractores, y que terminó en fracaso.

Estela es un pequeño restaurante en un primer piso de la transitada calle Houston, en el que milagrosamente nunca hay lugar. “No nos encontrás fácil. La puerta está escondida, y además tenemos un bar de parroquianos abajo. Nos tomó un año encontrar esta casa. Fue lo que podíamos pagar y tampoco queríamos un lugar muy obvio. No pertenecemos a ningún barrio, es Lower East Side, Nolita, East Village.”, dijo Mattos a galería. Este “no lugar” parece tener su encanto, pues en setiembre de 2014, Obama se sentó a comer allí y revolucionó la agenda. Como corolario, el martes 27 de mayo, la lista inglesa “The World’s 50 Best Restaurant” nombró a Estela en el puesto 90 entre los 100 mejores restaurantes del mundo.

Una de las principales atracciones de este restaurante, además de la cocina, es su buena relación precio-calidad. “Lo importante era lograr un restaurante que le gustase a 95% de la gente, al lavaplatos y a la mamá del lavaplatos, que recordara a la comida de hogar”, dijo.

Con un ritmo de trabajo que supera ampliamente las 12 horas, Mattos asumió que “vivir en Nueva York no es para todo el mundo”. “Es una ciudad dura pero la amo. La gente aquí tiene un objetivo y se compromete. La idea es hacer que pasen cosas, no importa el dinero, hay que crear, y eso para mí es impagable”, reflexionó.

El trabajo de este chef en Estela se podrá ver a partir de 2017 en un libro, pero seguramente aparecerá antes a través de los ranking internacionales. A los uruguayos que lo visiten, Mattos recomendó el tartare, los mejillones, las croquetas, los dumplings, el arroz negro y la carne. “Creemos que tenemos la mejor carne, pero la del menú de Estela es increíble”, finalizó.

CHARRUA

Charrúa. Gonzalo Brava llegó a Nueva York en 2002 siguiendo a su novia, una estudiante de traductorado en la ciudad, hoy su mujer y madre de dos niños. “Como muchos, empecé trabajando en el rubro gastronómico. Pero pese a que me gusta mucho cocinar, fue siempre desde la gerencia, y hace seis años me certifiqué como sommelier”, contó Bava a galería.

En diciembre de 2014 este empresario gastronómico pudo cumplir el sueño del boliche propio, con la ayuda de inversores uruguayos y un poco de suerte. “Para alquilar para restaurantes en Nueva York te piden que incluyas en el contrato a otra persona que ya tenga negocio de comidas, y eso para nosotros era imposible”, comentó. Entonces apareció un cartel de alquiler en un local de la calle Essex, en el barrio Lower East Side. El dueño era un señor de 90 años que también era propietario del resto del edificio. “Tuvimos buena onda”, explicó.

Sobre el estilo del restaurante, Bava buscaba que Charrúa tuviera un ambiente rústico, de estancia, “un bistró descontracturado donde la gente vaya a pasar un buen momento”. “Para lograrlo fuimos un día entero a los anticuarios del amish county en Pensilvania para traer muebles y objetos para decorar”, contó. A este estilo le sumaron fotos viejas de Montevideo y vajilla antigua.
La propuesta gastronómica de Charrúa también estuvo clara desde el inicio: sería un restaurante pequeño con una larga lista de tapas para comer en la barra, y la comida sería uruguaya. Además de empanadas de atún, carne y choclo, habría una carta de cinco chivitos, sin concesiones, con sabores 100% rioplatenses. “Servimos platos típicos como ravioles, milanesa, y pescado y entraña a la plancha, por ejemplo. Hacemos la misma milanesa que se come en casa y el chivito de toda la vida”, dijo.

Respecto a la competencia en un barrio en expansión como el Lower East Side, y la cercanía con el famoso Katz Delicatessen (diner americano en el que se filmó la escena en la que Meg Ryan fingió un orgasmo en la película “Cuando Harry conoció a Sally”), Bava comentó: “Este es mi barrio, aquí hay muchos estudiantes ahora, en la manzana debe de haber no menos de 15 restaurantes étnicos y media docena de galerías de arte pequeñas. Estamos en una calle que permite estacionamiento, a dos cuadras del subte”.

Pasaron dos meses desde la apertura de Charrúa cuando Robert Sietsema, crítico del sitio web “Eater”, elogió las empanadas de Bava como las mejores de la ciudad, y las mesas comenzaron a llenarse. Lo demás será historia.

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