El llamativo auge de la brujería pagana y su conexión con el activismo político de los “millennials”.

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La brujería, el paganismo y el ocultismo multiplican su número de adeptos, en una tendencia que los expertos asocian directamente con el momento político que se vive en ese país.

La palabra bruja -no tanto su equivalente masculino, brujo- nos hace pensar en una figura encogida, de negros ropajes y con gesto sospechoso que llama a la desconfianza.Pero la brujería es un concepto mucho más complejo y su presencia en el mundo moderno está más extendida de lo que en un principio podríamos pensar.

La brujería tiene raíces en costumbres del folclore tradicional que incluso se ven en la fe católica”, le dice a BBC Mundo Tara Isabella Burton, teóloga estadounidense autora de Strange Rites: New Religions for a Godless World(“Ritos extraños: nuevas religiones para un mundo sin dios”).

Lo que es novedoso es cómo está surgiendo entre los millennials una suerte de manifestación pública espiritual asociada a la brujería y la magia”, añade.”Más que hacer algo calladamente en su casa o en el seno de una comunidad, lo comparten en redes y forma parte de su identidad pública y política”.

Según un estudio del instituto de investigación estadounidense Pew, la “wicca” -una religión neopagana vinculada con la brujería- y otras creencias relacionadas con la magia son los credos que más han crecido en EE.UU. en los últimos 30 años.

Manos de hombre sujetando una estrella de cinco puntas símbolo de la religión wicca

La estrella de cinco puntos es símbolo de la wicca, una religión neopagana fundada en los años 50 por el británico Gerald Gardner.

Los datos recabados por el Pew indican que en 1990 unas 8.000 personas se identificaban como fieles de la brujería pagana. En el año 2000, eran ya 134.000 y en 2014 superaban el millón.

El escritor estadounidense David Salisbury, practicante de magia y brujería y autor de Witchcraft Activism: A Toolkit for Magical Resistance (“Activismo de brujería: kit de herramientas para la resistencia mágica”), piensa que estos números reflejan un momento de cambio en EE.UU.

La llamada religión tradicional o el monoteísmo ya no encajan en el paisaje actual”, le dice Salisbury a BBC Mundo.

“La wicca siempre ha estado por delante, siempre ha recibido a los marginados y creo que a la gente le atrae eso”.

Dentro del concepto global de brujería y paganismo, se encuentra la “wicca”, una religión muy específica fundada por el británico Gerald Gardner en los años 50 en un intento de recuperar antiguas prácticas paganas de los celtas.

El término tiene su origen en la palabra inglesa de la Edad Media wicche que derivó en el actual witch.

De naturaleza descentralizada, la wicca tiene una estrella de cinco puntas como símbolo, y sus seguidores, los “wiccanos”, son considerados brujos que realizan pequeños rituales y hechizos para, según dicen, mejorar su vida y la del mundo.

Sus fieles adoran a un Gran Espíritu que no es masculino ni femenino y se rigen por los ciclos que marcan las fases lunares y solares.

Entre sus principios más arraigados están la conexión con la tierra y la naturaleza y su creencia en el poder de la magia blanca para lograr cambios positivos.

Su línea de pensamiento se resume en el lema “mientras no hagas daño, haz lo que te diga tu corazón” y se define como una religión no dogmática, incluyente y no proselitista.

Los seguidores de la brujería pagana llegan a ella por distintos motivos.

Para algunos, como David Salisbury, se trata de encontrar un lugar donde sentirse aceptado.Sus primeros contactos con la brujería se produjeron cuando apenas tenía 11 años, y ahora la magia impregna todas las facetas de su vida.”Siempre me sentí diferente”, cuenta Salisbury. “La brujería atrae a ese tipo de personas, gente que está fuera del sistema, que es un poco diferente por cualquier razón”.

De hecho, el incremento más pronunciado de seguidores de brujería en EE.UU. se dio a partir de 2016, año en que Donald Trump ganó las elecciones presidenciales en ese país.

No en vano uno de los eslóganes más populares en las marchas de mujeres que se organizaron desde la llegada de Trump a la Casa Blanca decía: “Somos las nietas de las brujas que ustedes no consiguieron quemar”.

Algo que conoce bien Salisbury que, junto a sus otras actividades, es uno de los líderes de The Firefly House, una rama de la “wicca” con sede en Washington DC desde la que se hace trabajo espiritual político relacionado con hechos de actualidad,Esta implicación en lo político le ha causado al grupo algunas fricciones con organizaciones conservadoras como la Asociación Nacional del Rifle, pero en general, cuenta Salisbury, pueden hacer su trabajo tranquilos.

“Creo que la mayoría de las personas, sean o no brujas, entienden lo que hacemos. Tomamos nuestra experiencia religiosa y la convertimos en acciones reales. Eso es algo con lo que la mayoría de la gente se puede identificar”. Al fin y al cabo, como señala el periodista David Brooks en una columna de opinión en The New York Times, quizá este resurgir de la magia y la brujería no sea más que el retrato de una época de transición y desilusión en la que muchas personas buscan caminos alternativos para resolver las necesidades más grandes de su tiempo.

fuente BBC




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