EE UU se enfrenta al enemigo que le ha derribado 23 aeronaves militares: las aves

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“Ya hemos perdido 23 aeronaves por colisiones contra aves”, explica el biólogo William Grannis, de la Fuerza Aérea de EE UU. Un documento oficial de 2005 informaba de 33 muertes en 22 accidentes provocados por aves desde 1985. La Fuerza Aérea registraba entonces 4.000 colisiones al año, casi siempre leves, y unas pérdidas de 25 millones de dólares anuales. Con el accidente de Cley next the Sea, serían 23 accidentes y 37 muertos en tres décadas.

Grannis acaba de regresar del atolón Wake, un rincón perdido en medio del océano Pacífico que fue descubierto en 1568 por el navegante español Álvaro de Mendaña y fue devastado durante la Segunda Guerra Mundial por bombardeos japoneses y estadounidenses. El lugar es hoy un paraíso para la cría de cientos de miles de aves marinas y está protegido dentro del Monumento nacional marino de las islas remotas del Pacífico. Pero también es un aeropuerto militar, reservado a aterrizajes de emergencia y recarga de combustible. El atolón está bajo la jurisdicción de la Fuerza Aérea de EEUU.

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El biólogo Grannis y su equipo tienen una misión singular: expulsar a esos cientos de miles de aves del aeropuerto, pero a la vez conseguir que prosperen en el resto del atolón. Muchas de ellas pertenecen a especies protegidas, como la pardela de Newell, en peligro de extinción. El problema para expulsarlas de una zona y atraerlas a otra es que el atolón —dividido en tres islas pegadas formando una U sobre un volcán submarino— apenas tiene 4,4 kilómetros cuadrados. La isla mayor, Wake, alberga el aeropuerto, con una pista de 3.000 metros. “Intentamos que las aves se vayan a otra isla del atolón, Peale, porque hay muchas vidas y dinero en juego”, resume Grannis.

Fuente el Pais españa

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