China celebra el comienzo del año 4716 y celebramos historias sensibles de chinosuruguayos .

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Asi fue la celebración del Año del Perro en Montevideo el 16 de febrero , fecha de su comienzo.

Se estima que en Uruguay viven 300 chinos .La familia y la comida son el centro dela fiesta

La abundancia de la comida es progreso ,es fortuna.En ésta fecha es muy importante la unión,no hay desacuerdos ,todo es unión y todos deben estar presentes

La Danza del dragón.Es el baile es realizado por un equipo de bailarines que manipulan una figura larga y flexible de un dragón usando postes colocados a intervalos regulares a lo largo del dragón. El equipo de baile simula los movimientos imaginarios de este espíritu fluvial de una manera sinuosa y ondulante.
La danza del dragón es el acto de finalización de las festividades del Año Nuevo en China,1​ donde los desfiles comienzan el mismo día de Año Nuevo y continúan durante quince días hasta la finalización de las festividades con el Festival de los Faroles.

Yim, el chino uruguayo que dirige el Instituto Confucio

Cheung-Koon Yim, director del Instituto Confucio de Uruguay durante la entrevista que concedió al Portal de la Universidad 2016).

Foto: Richard Paiva-UCUR.El primer director del Instituto Confucio (IC) en Uruguay es un chino de 80 años que hace 64 vive en el país. Cuando se inaugure la sede el año próximo,

Cheung-Koon Yim comenzará su «aporte final al país que me permitió entrar por la puerta grande, y donde creo fui muy mimado».

Cheung-Koon Yim nació en Beijing, vive en Uruguay desde 1952, y estudió en la Facultad de Arquitectura donde fue docente durante más de 40 años.

Actualmente es coordinador académico del Centro de Integración Cultural Uruguay-China que refundó a la salida de la dictadura, da clases de mandarín en la escuela República Popular China del barrio Casavalle, integra el coro de adultos del Colegio Inglés, y  dirige la primera sede en Uruguay del Instituto Confucio.

Cuando llegó a Uruguay Yim era un hijo único de 16 años y mal tuvo que ver con la elección del país, que recayó en sus tíos y en su madre, profesora de historia. «Mi padre era ingeniero ferroviario y había muerto en la guerra contra los japoneses». Para entonces vivían en Hong Kong porque luego de la Segunda Guerra Mundial hubo una invasión japonesa que duró ocho años. «Fuimos de Shangai a Hong Kong para evitar otra guerra; pude hacer mis cursos secundarios pero comenzó la guerra de Corea. Estábamos hartos de la guerra y en 1953 resolvimos emigrar. Las posibilidades eran el sur de Brasil, Uruguay y Argentina, y elegimos la Suiza de América».

Había descubierto que quería ser arquitecto aun en China. «Era arquitectura o química, pero opté por la primera. Era más interesante por la combinación entre la tecnología y el sentido plástico, artístico de la vida». Para ingresar a la Facultad de Arquitectura tuvo que revalidar los estudios. «Di unos exámenes libres de Secundaria, creo que 29, y además me exigieron pruebas de suficiencia de idioma español, física e historia nacional».

Recuerda que entregó su pase a la Facultad el 30 de diciembre de 1955. «Al día siguiente iba a ser fin de año, y en la bedelía nadie me iba a dar pelota», explicó. En realidad había ingresado antes como oyente, pero «oficialmente comencé en 1956 con lo cual estoy completando una relación de 60 años con la Facultad y con la Universidad». Si bien un inmigrante «no puede exponerse demasiado, participé en la lucha por la Ley Orgánica de 1958 y pude festejar su aprobación en el hermoso patio de nuestro edificio».

Yim considera a la Facultad de Arquitectura su segundo hogar. Por 1961, «después de terminar mi taller de anteproyecto el director me invitó para que el año siguiente fuese docente auxiliar. Cuando la Facultad celebró 100 años yo completé más de 40 como docente. Incluyendo los años de estudiante eran más de 50. Si eso no es mi segundo hogar, entonces ¿qué es?».

Solo regresó a China en 1999 para un congreso mundial de arquitectos que se celebró en Beijing. Organizó un grupo de viaje y asistieron 18 de Uruguay incluyendo a él que fue con dos de sus hijas. Tantos años después «era todo nuevo para mí». Desde entonces ya completó 12 viajes y como es «un poco supersticioso» duda si hará el Nº 13. No es que sea crédulo, pero a pesar de su formación científica evita pasar por debajo de las escaleras. «Capaz de caerse encima un tarro de pintura» (risas).

Para Yim la Udelar «es parte de mi vida». Considera que desde la dirección del IC podrá realizar su «aporte final al país que me permitió entrar por la puerta grande, y donde creo fui muy mimado: tuve la suerte de hacer la carrera, ser docente, haber actuado profesionalmente». Siempre trabajó en todo tipo de arquitectura, pero le gustó «fundamentalmente la social: cooperativas de vivienda, regularización de asentamientos, planificación regional, siempre aportando para la mejora de la gente». Se siente uruguayo y «no de la costa: Voy a Rocha y lo disfruto, pero recorrí el país muchas veces, algunas en actividades de extensión universitaria. Estudié 180 centros poblados, barrios y ciudades, incluyendo rancheríos y por supuesto pequeñas localidades del interior». Estuvo vinculado al Movimiento de Erradicación de la Vivienda Insalubre en el Medio Rural (MEVIR), «y muchas veces viajé a dedo, hice campamentos, quiere decir que me siento uruguayo en el sentido de frontera a frontera».

Esto es más que el cierre de su actividad profesional. «Es el cierre de mi vida, porque nunca olvidé nuestra cultura. La idea de instalar el IC en Uruguay data de 1985 cuando se erigió el monumento a Confucio en el Parque Rodó. «Cuando fui en 1999 le dije a los chinos en Beijing: el monumento ya está, solo esperamos el Instituto. Y me miraban fijo».

A fines de la década de 1950 «mi tío tenía un centro de cultura china y en los primeros años de Facultad, cuando comencé a manejar el castellano más o menos bien, lo ayudé con las publicaciones y otras cosas», recordó. «Después él se fue para Estados Unidos y me quedé sin infraestructura, pero seguí estudiando el idioma y la cultura que es interminable. Cuando a principios de la década de 1980 comenzaron a fallecer algunos de mi generación, me dije: ‘No, mis raíces se están acabando’. Entonces intensifiqué el estudio, y empecé a dar clases de chino en forma absolutamente gratuita: Yo tenía mi profesión, mi posición en la universidad, y no necesitaba otra cosa». Este emprendimiento cultural debió cerrar durante la dictadura «porque algunos directivos tuvieron que exiliarse». Cuando retornó la democracia creamos el Centro de Integración Cultural Uruguay-China «y fui su primer profesor de chino». Yim no tiene dudas de que el IC contribuirá a «que entendamos mejor a los chinos, y que los chinos entiendan mejor a los uruguayos».

Del grupo que emigró en 1952 quedan pocos. Algunos se fueron para Estados Unidos, Canadá y Buenos Aires, «y con los que permanecen tenemos algún contacto aunque ya son muy ancianos. Nos encontramos para fin de año o para el año nuevo chino».Yim tiene tres hijas y un hijo, y tres nietas y un nieto. «El que mantiene el apellido es el nieto. A los chinos les importa mantener el linaje, pero a mí ya no me importa demasiado».

fuente_ Portalchino

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fuente el observador

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