Asia – Alivio, miedo y medicamentos agotados frente al fin de Covid cero

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En tres años, en un país con más de 1.400 millones de habitantes, se han infectado menos de dos millones y han muerto oficialmente 5.235 personas

Alivio, miedo y medicamentos agotados: la China de los sentimientos encontrados frente al fin del Covid cero. Tras tres años de estrictas medidas contra el Covid-19, el país asiático tiene ahora que aprender a convivir con el virus, pero tardará en acostumbrarse

Un trabajador sanitario retira una valla de una comunidad residencial, en Pekín.
Un trabajador sanitario retira una valla de una comunidad residencial, en Pekín.AFP

Los medicamentos para la tos y la fiebre estaban agotados el jueves por la tarde en una de las farmacias del distrito de Dongcheng, cerca del centro de Pekín. Lo mismo había ocurrido en otros establecimientos de la ciudad, donde se formaron largas colas y los vecinos arrasaron con todos los antifebriles e ibuprofenos que pudieron.

Tras la relajación de los controles del Covid cero y con la primera gran ola de coronavirus sacudiendo la capital, fue tal la avalancha hacia las farmacias, y también la compra masiva de fármacos en plataformas online, que hubo problemas con el stock y la Administración Municipal de Medicamentos tuvo que publicar una nota en un periódico local para pedir calma a los ciudadanos: «Por favor, compre medicamentos de manera racional y no se abastezca a ciegas».

Jon Liu, un empresario treintañero de Pekín, fue uno de los que hizo acopio de paracetamol y pruebas de antígenos. «Por primera vez, en tres años de pandemia, conozco a gente que se está infectando», asegura. «Por un lado, estoy contento de que hayamos dado el primer paso para recuperar la normalidad, pero también tengo miedo porque nos han acostumbrado durante mucho tiempo a vivir bajo una sobreprotección extrema a un virus que nos vendían como un asesino despiadado, y ahora parece que quieren que de golpe aprendamos a convivir con él».

El sentimiento contrariado de Jon es compartido por muchos chinos. Se alegran de que al fin las autoridades les den algo de respiro y flexibilicen las restricciones, pero temen a que una explosión masiva de infecciones desate una crisis sanitaria sin precedentes en un país con muchos rincones que son tierra virgen para el virus y que carecen de infraestructuras apropiadas para atender una oleada de casos graves, con una población que tiene baja inmunidad natural contra la enfermedad y con muchos abuelos que siguen siendo reacios a vacunarse.

Exponiendo los datos quizá se entienda mejor la convivencia de miedo y optimismo tras el comienzo de la reapertura paulatina que ha iniciado China para salir de la prisión del Covid cero: en tres años, en un país con más de 1.400 millones de habitantes, se han infectado menos de dos millones y han muerto oficialmente 5.235 personas. La tasa de vacunación, especialmente entre los ancianos, es preocupantemente baja: el 68,7% de las personas mayores de 60 años han recibido la pauta completa, mientras que la tasa es solo del 40,4% de las personas mayores de 80 años. A esto hay que sumar que los sueros aprobados ofrecen una protección inferior a las nuevas variantes que los fabricados en el extranjero.

Zhou Jiatong, jefe del Centro para el Control de Enfermedades en la región suroeste de Guangxi, dijo el mes pasado que China se enfrentaría a más de dos millones de muertes si afloja las restricciones de COVID. Algo menos, millón y medio de fallecidos, fue lo que estimaron científicos chinos y estadounidenses en una investigación publicada en mayo en la revista Nature, pronosticando que la demanda máxima de cuidados intensivos sería más de 15 veces la capacidad actual. Otro estudio reciente de Bloomberg Intelligence estimó que relajar por completo los controles podría dejar a 5,8 millones de chinos necesitando cuidados intensivos en un sistema sanitario con solo cuatro camas por cada 100.000 personas.

«No creo que sea seguro alejarse de la estrategia de Covid cero a corto plazo porque podría resultar en un desastre de salud pública», advierte en el diario South China Morning Post Ben Cowling, jefe de la división de epidemiología de la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Hong Kong. En la ex colonia británica, la compañía de análisis Airfinity, usando los datos de la ola de infecciones que golpeó en marzo la ciudad con la variante de ómicron BA.1, dejando más de 75.000 casos diarios cuando se relajaron las restricciones, estima que un levantamiento inmediato de las medidas en el continente podría dejar entre 167 millones y 279 millones de casos en todo el país, y entre 1,3 millones y 2,1 millones de fallecidos.

En Pekín, hogar de 21 millones de personas, los positivos diarios están rozando los 5.000. Antes, por muchos menos, las autoridades lanzaban una cruzada de bloqueos en barrios y confinamientos masivos. Pero a partir de esta semana ya hasta se puede dar positivo y, si es asintomático o tiene síntomas leves, pasar la cuarentena en casa y no en una instalación central. Estos días, en Weibo, el Twitter chino, uno de los hashtag más populares, con millones de visitas, fue una preguntaba sobre qué hacer si uno da positivo, a lo que los confundidos usuarios respondían con la misma cuestión.

Otra instrucción dada por el Ejecutivo chino es que los códigos de salud digitales, aplicaciones que cada provincia tiene las suyas, que rastrean el movimiento y el historial de PCR, ya no serán necesarios para acceder a edificios, comercios o coger el transporte público. Se terminó el agobio por hacerse una PCR prácticamente cada día. En cambio, en muchos restaurante siguen pidiendo una prueba negativa de 48 horas porque temen a que, si no la exigen, los clientes más asustadizos no acudirán a sus locales.

«El Gobierno ha pasado demasiado tiempo poniendo parches y alargando la vida a una política que tenía que caer tarde o temprano. China no podía estar encerrada toda la vida. Hacía falta un empujón social para que las autoridades comenzaran a dar los pasos de apertura necesarios de una vez, y entonces llegaron las protestas contra el Covid cero», explica una doctora de apellido Li, que trabaja en las urgencias de uno de los 94 hospitales y clínicas de Pekín donde se están canalizando estos días a los pacientes con Covid que reportan síntomas más graves.

«Los tres años de evolución del SARS-CoV-2 equivalen a cientos de años en el ser humano. Es como una ley de Darwin vista en cámara hiperrápida»

Li cuenta que ya han comenzado a notar una mayor presión de ingresos, pero que la situación está controlada. «Todavía hay mucho desconcierto con los cambios recientes de políticas y la gente no sabe muy bien qué hacer. A los hospitales acuden muchas personas, jóvenes y mayores, que se han infectado pero que ni siquiera tienen síntomas. Saben que ya pueden quedarse en casa, pero piden el ingreso voluntario porque tienen miedo. Siguiendo las últimas instrucciones que tenemos de las autoridades, no podemos negarles el ingreso aunque no lo necesiten. Me imagino que, si siguen aumentando los casos, pronto habrá más pacientes con síntomas graves y nos dejarán mandar a casa a los que no necesitan estar ingresados», explica la doctora.

En las últimas horas, por las redes sociales chinas circulan varios rumores de que pronto el Gobierno reducirá -o suprimirá- las actuales cuarentenas en hoteles de cinco días para quienes entran a un país que lleva con sus fronteras cerradas desde marzo de 2020, y quizá también hasta se ponga fecha a la entrada de turistas.

Aunque no a todos les hace mucha gracia la idea de que China abra todas sus puertas. Solo un 12% de la población tiene pasaporte. La gran mayoría de chinos no tienen intención de viajar al extranjero y defienden que las fronteras bloqueadas han protegido al país durante la pandemia.

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